Las consecuencias de la reciente Sentencia denominada de la “la Manada” está siendo un torpedo en la línea de flotación del sistema judicial.

A los pocos minutos de que el Magistrado de la Audiencia finalizara la lectura del Fallo Judicial que fue retransmitido por varias televisiones en directo, las redes sociales, especialmente Twitter y Facebook, junto con los medios de comunicación, explosionaron con 2 posturas contrapuestas:

  • Una, de indignación social, por considerar que los hechos probados eran merecedores de una pena superior a la impuesta a los encausados por tratarse de una violación y no de un abuso sexual.
  • Y, otra postura, garantista del sistema judicial que, sin querer entrar en el fondo del asunto, interpreta que la palabra “justicia” no equivale a “venganza social” y que el proceso judicial es la garantía y pilar esencial de cualquier estado de derecho.

Lo cierto es que, como ocurre a menudo últimamente, nos encontramos ante situaciones en las que obligatoriamente tenemos que escoger entre el color blanco o el negro, entre el estás conmigo o contra mí y, las partes, a modo de un auténtico procedimiento judicial, salvo en contadas excepciones, solamente hablan para el agrado de sus “fans” o “followers” generando bloques de opinión irreconciliable, crispados e hiperventilados según van pasando los días, meses e incluso años.

Algunos medios de comunicación, tirando gasolina al fuego “social”, no han ayudado demasiado a calmar los ánimos y nuestro reprobado Ministro de Justicia Rafael Catalá, señalando supuestos problemas del Magistrado que dictó el voto particular del fallo, ha abierto un escenario nunca visto de lucha fraticida entre el poder judicial y el legislativo del propio Estado.

En sentido opuesto, señalaba acertadamente la decana del ICAB Mª Eugenia Gay en un artículo de opinión publicado en la Vanguardia que

Cuando una sentencia produce una brecha tan profunda entre el sentir popular y el sistema de justicia, como en el caso de la “La Manada”,es que algo ha fallado

Como sociedad tenemos una carencia de empatía, de ponernos en el lugar del otro. Los que reclaman “justicia social” deberían tener un mayor conocimiento de cómo funcionan los Juzgados y Tribunales en España, cómo funciona un juicio, cómo actúan las partes, las obligaciones que tiene el poder legislativo de adecuar esa realidad social a las leyes, de que la Sentencia de la “Manada” no es firme, que un procedimiento judicial (y menos el penal) es siempre insatisfactorio para cualquiera de las parte. No podemos estar constantemente con ganas de revolución para cargarnos todo lo que se ha construido en las últimas décadas.

Reflexión frente a la emoción

Los juristas, abogados, profesionales y amantes del derecho deberíamos tener una mayor vocación en explicar de una forma clara y sencilla que la justicia aporta la seguridad y confianza indispensables para el funcionamiento de cualquier sociedad, pero se debería explicar de forma didáctica, a modo de soluciones y ventajas para seducir a los ciudadanos, no con tecnicismos y lenguaje incomprensible.

El derecho no es solo saber de leyes

Se trata de una cosa tan simple como hablar, comunicar, comunicar y comunicar una información. La información lleva al conocimiento global de una realidad, a ser más críticos, a ponernos en el lugar del otro. En definitiva, a ser más libres como individuos para alcanzar consensos y acuerdos que nos ayuden a avanzar como sociedad.

COMUNICAR. EL DERECHO ES MÁS QUE SABER DE LEYES

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